Vesícula biliar

Vesícula BiliarVesícula biliar

La colelitiasis se define como la presencia de cálculos en la vesícula biliar.

Estos cálculos, comúnmente conocidos como “piedras”, pueden ser de tres tipos según su composición:

  • De colesterol, que constituyen el 80% de los casos, especialmente en mujeres obesas mayores de 50 años.
  • Pigmentarios a base de bilirrubina, formando en torno a un 10-20%.
  • Mixtos, que constituyen la pequeña minoría restante.

Origen:

Se forman por desequilibrio entre los elementos insolubles de nuestro organismo (niveles elevados de colesterol o de bilirrubina) y los llamados elementos solubilizantes que nos protegen de dicho exceso; como son el agua, los ácidos biliares y los fosfolípidos. Pero se ha de tener en cuenta que un ayuno sólo a base de agua o líquidos aumentaría el precipitado de los cálculos, ya que no ingeriríamos al mismo tiempo ningún fosfolípido y el agua la perdemos constantemente a través de la orina, de manera que concentraríamos aún más los elementos insolubles orgánicos.

Por tanto, dentro de los factores de riesgo de la litiasis biliar tenemos:

  • La hipercolesterolemia
  • La hiperbilirrubinemia
  • La obesidad
  • Los antecedentes familiares

Cólico biliar:

Con el paso del tiempo cualquiera de los dos tipos de cálculos pueden calcificar, lo que los convierte de consistencia dura y por ello pueden irritar los conductos hépato-biliares produciendo diversas alteraciones funcionales. Si alguno de estos cálculos intenta ser expulsado es cuando se desencadena un cuadro llamado cólico biliar, el cual provoca un fuerte dolor de tipo espasmódico que va y viene desde el hepicondrio derecho y se irradia hacia el borde inferior de la escápula, simulando un infarto agudo de miocardio. El paciente presenta náuseas, vómitos, indigestión; incluso ictericia, fiebre, escalofríos… y en último término se acompaña de un dolor en faja, lo que nos indicaría que hemos causado una pancreatitis consecuente, por obstrucción concomitante del conducto colédoco.

El diagnóstico de primera instancia consiste en llevar a cabo una correcta anamnesis en la que el paciente describirá dolor en el abdomen del lado derecho tras haber ingerido alimentos con alto contenido graso; en especial huevos o cerdo, aunque también puede ocurrir en el caso de la cebolla.

Mediante una radiografía de rayos X en la zona abdominal sólo serían detectados los cálculos ya calcificados, porque forman imágenes blancas radio opacas. Y la ecografía nos daría información sobre su número y tamaño, pero nunca sobre su composición.

En la exploración física el paciente presentará inflamación y dolor localizados. El mayor problema es que con mucha frecuencia son de carácter asintomático, por lo que suelen cronificarse y solamente son detectados cuando ya desencadenan un cólico biliar muy avanzado, en cuyo caso la única opción posible a tener en cuenta es la cirugía de urgencia para evitar las temidas complicaciones.

Tratamiento

Solamente son tratables los cálculos de colesterol, es decir no radio opacos y sin presencia de calcio, y que no superen 1 cm de diámetro. El resto requiere cirugía mediante extirpación de la vesícula; pero en principio se desaconseja si el hallazgo es casual y no existen síntomas evidentes.

En el caso de que sean tratables, el tratamiento médico en primer lugar suele ser la indicación de fármacos a base de ácido usodesoxicólico, que actúa volviendo soluble al colesterol precipitado. Pero dicho tratamiento requiere de 6 a 24 meses para obtener beneficios y en muchos casos existe el riesgo de su posterior reformación.

Ya si avanzamos hacia el siguiente paso tenemos la opción de la litotricia, que consiste en la destrucción de los cálculos, pero presenta un alto riesgo de desarrollar una pancreatitis a raíz de los fragmentos destruídos.

En segundo lugar dentro de las alternativas quirúrgicas tenemos la colescistectomía o extirpación vesicular por vía laparoscópica, en la que cual el paciente es dado de alto casi el mismo día del ingreso o en un máximo de 48 horas.

Y ya en último término pasamos a la laparotomía, mediante un corte en la línea alba, por lo que conlleva un mayor tiempo de hospitalización para su recuperación.

En todo caso, si no se quita la vesícula las probabilidades de recidiva son muy altas, en torno a un 50%, ya que en realidad la vesícula que forma cálculos es una vesícula enferma.

Si acudimos a la Naturopatía encontraremos un conjunto de hábitos y complementos que nos ayudarán a mantener el estado saludable de nuestra vesícula, a modo de tratamiento preventivo, y evitar así llegar a la temida cirugía o alcanzar fases más avanzadas fruto de fuertes brotes de dolor cólico.

Primeramente deberíamos en este punto hablar de las bases dietéticas, donde hemos de tener en cuenta los siguientes requisitos:

  • Disminuir al máximo la ingesta de grasas, sobretodo las saturadas de origen animal, así como los alimentos con alto contenido en colesterol. Todo ello nos ayudará al mismo tiempo a la normalización de nuestro peso corporal, evitando así el facto de riesgo de la obesidad.
  • Aumentar el consumo de fibra, sobretodo la de tipo soluble, mediante por ejemplo tres cucharadas diarias de salvado de avena, la cual produce una gran bajada del colesterol endógeno, al mismo tiempo que ayuda a expulsar la grasa en el tramo intestinal, ya que actúa a modo de esponja en la recogida de bilis, con la consecuente disminución de la circulación enteropática que hace volver el colesterol hacia el hígado. Además, hemos de añadir, que el estreñimiento es otro de los factores de riesgo, en cuyo caso, el tipo de fibra de elección sería la insoluble ya que palia más rápidamente este problema.
  • Se ha demostrado que la dieta vegetariana es un protector de la colelitiasis, ya que disminuye el riesgo en más de un 50%; por tanto, hemos de hacer abundar en nuestra dieta todos los alimentos de origen vegetal como son todo la variedad de verduras, hortalizas y frutas.
  • Si buscamos aumentar el nivel de fosfolípidos en la dieta, para así disminuir la posibilidad de formación de barro en la vesícula, la opción más eficaz y al mismo tiempo la más sencilla es la toma de una o dos cucharadas de lecitina de soja diaria de calidad certificada. Sino también disponemos de cápsulas estandarizadas de fosfatidilcolina o bien de fosfatidilserina. En todo caso, deberíamos ingerir los fosfolípidos a la noche después de cenar, ya que es cuando la bilis alcanza su máxima concentración porque no se vacía, de manera que podemos contribuir en mayor medida a evitar la cristalización del colesterol en el proceso de fusión de las piedras.
  • También la complementación con enzimas digestivas a base de lipasas nos ayudan a disminuir la concentración de lípidos depositados y con ello equilibran la balanza en positivo de los elementos solubilizantes.
  • Sería correcto realizar también un correcto registro de alimentos para detectar aquellos que favorecen el desarrollo de cólicos biliares, y así poderlos erradicar de la dieta.
  • También hemos de saber que determinados fármacos, como los estrógenos orales, son metabolizados por la misma vía que el colesterol, por ello aumentan también el riesgo de desarrollar un cólico biliar.

Ya dentro de la Fitoterapia disponemos de las siguientes ayudas:

  • El aceite esencial de menta piperita ha conseguido un aumento de la eficacia del ácido usodexicólico si se toman conjuntamente. Con un par de gotas vía interna sería suficiente, mejor aún si se toma en cápsulas con recubierta entérica para que no sean degradas a nivel gástrico y sea absorbido por las paredes del duodeno. Podríamos también tomar infusiones de menta de forma regular como medida preventiva.
  • Todas las plantas coleréticas y colagogas, es decir, las que aumentan la concentración de bilis y el flujo biliar, se encargan de mantener limpias las vías biliares, por tanto, actúan a nivel de preventivas en la formación de cálculos. De entre ellas destaca el Diente de León, pero también es el más arriesgado ya que aumenta el peristaltismo vesicular favoreciendo la expulsión de los cálculos, por lo que, podríamos desarrollar cólicos. Pero disponemos de otras muchas opciones como son la Alcachofera, el Rábano Negro, la Centaura Menor o Travalera, el Romero y el Cardo Mariano. Lo ideal sería preparar una mezcla de todas ellas y tomar en infusiones regulares por temporadas, sabiendo que primavera y otoño son las estaciones protagonistas en cuestión de depuración hepático – biliar.
  • El Lepidio es otra gran alternativa ya que a parte de su función colerética también disuelve los cálculos calcificados, de ahí su nombre popular “Rompepiedras”.
  • Dentro de las plantas amargas que aumentan el flujo biliar y así mismo estimulan al hígado tenemos el Boldo o bien la opción más suave que es la Fumaria.
  • Si ya existe presencia de cálculos habríamos de acudir a otras opciones que actúan como lipotrópicos naturales, es el caso del Chelidonium.

Si ya se desarrolla un cuadro de cólico biliar, como medidas paliativas tenemos las siguientes:

  • Nuestro mayor objetivo es relajar la musculatura lisa de la zona abdominal que concentra el dolor, por tanto, colocaremos sobre el hipocondrio derecho calor localmediante emplastos de hojas de col y una mantilla eléctrica que mantenga la temperatura. Permanecer tumbado en postura fetal sobre el costado derecho disminuye los síntomas álgicos. Otra opción similar es un baño de agua tibia.
  • También el sulfato de magnesio ayuda a relajar las vías biliares y por tanto sirve de analgésico.

Como alternativas disponemos también de:

  • Cuando ya hay presencia de arenilla o barro biliar el tratamiento de elección sería la toma de agua dialítica, ya que poco a poco va puliendo los pequeños cálculos formados, y así pueden ser expulsados sin ningún riesgo por nuestro propio organismo o bien son finalmente disueltos.
  • La Reflexología Holística, ya que nos permite acceder a diferentes zonas y órganos de nuestro cuerpo desde los pies, las manos o la cara, sin tener que producir local.
  • Dentro de la Homeopatía como remedio Unicista tenemos el mismo Chelidonium en su forma dinamizada o bien la Nux Vomica, cuya diana principal es el hígado y la vesícula, mejorando así todo el metabolismo de los ácidos grasos. Disponemos también de complejos homeopáticos que unen varios remedios en un mismo preparado buscando un aumentando de su eficacia debido a la sinergia conjunta de todos ellos.
  • La Acupuntura, otro potente aliado en la disminución de los síntomas álgicos.

A parte de todos estos consejos, existe una cura especial a base de sales de Epsom, la cual realiza una limpieza profunda de la vesícula biliar y del hígado, pero que está contraindicada en caso de presencia de cálculos. Por lo que sólo serviría a modo de preventivo o en caso de “barro” o de “arenilla”, y realizando previamente en todo caso una correcta exploración médica para descartar la presencia de posibles cálculos asintomáticos.

Esta cura consiste en los siguientes pasos:

  1. A modo de preparación, la semana anterior a la cura, hemos de tomar un litro de zumo de manzana al día, mejor si es natural y ecológico. Además evitaremos comer o beber alimentos fríos, fritos o de origen animal. Preferiblemente el menú diario será a base de arroz blanco basmati con verduras para lograr una mayor desinflamación intestinal. Dejaremos de tomar durante estos siete días todo tipo de suplementos o fármacos. Y además deberíamos hacer una limpieza de colon antes y después de la cura, por ejemplo mediante un enema de café verde, que presenta un alto poder antioxidante.
  2. Ya el día anterior a la cura, el sexto día, realizaremos un desayuno ligero con frutas frescas y zumos naturales. Para comer prepararemos unas verduras al vapor con arroz, sin nada de proteína.
  3. Después de las 14.00 horas dejaremos de comer, sólo mantendremos la ingesta de agua.
  4. A las 18.00 horas disolveremos cuatro cucharadas de sales de Epsom en cuatro vasos de agua y beberemos el primero de los vasos.
  5. A las 20.00 horas el segundo vaso.
  6. A las 21.30 horas si no hemos evacuado realizaremos un enema de manzanilla tibia para ayudar en el estímulo peristáltico y lograr así la evacuación intestinal.
  7. A las 21.45 horas limpiaremos un par de pomelos rosas (también puede hacerse una mezcla a base de limón y naranja) y los exprimiremos manualmente para obtener su jugo. Necesitaremos medio vaso de zumo y medio de aceite de oliva virgen extra de primera presión en frío. Lo movemos todo enérgicamente hasta que se forme la mezcla acuosa llamada “pura” y la tomamos de forma seguida a las 22 horas, permaneciendo de pie junto a la cama, sin sentarnos si es posible.
  8. Seguidamente nos estiraremos en la cama con la luz apagada y mantendremos la cabeza más alta que la barriga, aunque también podemos situarnos en posición semi-fetal sobre el lado derecho. Intentaremos mantener esta posición durante unos 20 minutos, evitando hablar y fijando la atención en nuestro hígado. Se puede poner calor local en la zona del hígado y vesícula con una manta, para lograr una mayor relajación del conducto colédoco que se encarga de evacuar la bilis. Podremos sentir las piedras moviéndose por los conductos biliares como si fueran canicas, pero no sentiremos ningún dolor porque el magnesio de las sales mantendrá los conductos biliares abiertos y relajados y el aumento del flujo biliar junto con las piedras mantendrá por su lado los conductos lubricados. Se pueden sentir mareos durante la noche o a primeras horas de la mañana; esto se debe a que de repente hay una fuerte descarga de cálculos y toxinas que empujan la mezcla de aceite hacia el estómago. Esta sensación se pasará durante la mañana y no nos han de preocupar, pero sí hemos de tener cuidado y estar en todo momento acompañados a modo de prevención.
  9. A la mañana siguiente, sobre las 6.30 horas beberemos el tercer vaso de sales de Epsom, que en caso de tener sed puede ir acompañado de un baso de agua a temperatura ambiente. Es preferible que el cuerpo a partir de esta hora se mantenga en posición vertical.
  10. A las 8.30 horas beberemos el último de los cuatro vasos.
  11. A las 10.30 horas podremos ya comenzar a beber algún zumo fresco y media hora después una o dos piezas de fruta natural. Hacia una hora más tarde iremos introduciendo alimentos un poco más sólidos en pequeña cantidad y muy poco a poco.
  12. Por la tarde o a la mañana siguiente, volveremos a la normalidad, manteniendo una dieta ligera durante los dos días siguientes.

Los beneficios más inmediatos de la cura son:

  • La tremenda bajada de colesterol.
  • La eliminación de material biliar residual.
  • La secreción de tóxicos intestinales acumulados.
  • La disminución del tanto por ciento general de grasa corporal, ya que realiza una depuración muy profunda de dos de los órganos fundamentales en el metabolismo de los lípidos, como son el hígado y la vesícula.

La vesícula, una víscera que parece no tener gran importancia para nosotros, juega un papel protagonista en el metabolismo de todas las grasas que ingerimos día a día y es además un gran soporte para las funciones de uno de los órganos indispensables para la salud, el hígado. Es por ello que nunca la hemos de perderla de vista, teniendo un mínimo cuidado tanto de nuestros hábitos saludables cotidianos como de nuestras emociones; pues el eje hepato-biliar es el gran eje de las emociones, del estrés acumulado a lo largo de nuestra jornada diaria.

Hemos de centrarnos en la prevención para evitar el dolor.

Belén García López
Fisioterapeuta
Naturópata – Homeópata
Experta en Macrobiótica

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