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El Silicio en los Seres Humanos

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EL SILICIO EN LOS SERES HUMANOS

El análisis de las cantidades de silicio presente en el cuerpo humano ha sido objeto de numerosos estudios y se ha ido precisando conforme a las técnicas de medición así lo han permitido.

 

Commúnmente se encuentran algunos miligramos de silicio por cada 100 gramos de tejido humano. El silicio se encuentra notablemente en el tejido conjuntivo, en la aorta y en los vasos sanguíneos, en los cartílagos, en el timo y las adrenales, en el hígado, el bazo, el páncreas, la piel, las uñas, el cabello, etc...

 

Sin embargo lo más importante no es la presencia cuantitativa del silicio sino la manera como se presenta el silicio en nuestros tejidos, y el rol potencialmente básico que juega en nuestro organismo. Investigaciones recientes realizadas en los EEUU, han llevado a formular la tesis de que en condiciones especiales el silicio podría comportarse de forma similar al carbono. Como todos sabemos la química del carbono está la base de la vida y este constituye un compuesto básico para los seres humanos. La tecnología química moderna ha logrado crear compuestos poliméricos del silicio casi idénticas a las proteínas lo cual permite establecer, al menos teóricamente, que a partir del silicio pueden originarse formas vivas, (aunque no en las condiciones climatológicas que primaban en la tierra cuando le dio el origen de la vida) (Kervran 1986). La importancia peculiar del silicio radica pues en que se trata de un mineral con una estructura especial y enlaces similares a los de carbono, por lo cual, la química del silicio constituiría un basamento tan importante para la vida como la química del carbono.

 

No sin razón Jean Calcagni (1984) señala que uno no puede dejar de pensar, teniendo a la vista de presencia universal del silicio, su analogía con el carbono y el modelo de la diatomeas, en formular la tesis de una importancia decisiva del silicio para los procesos metabólicos y para la vida celular en los animales superiores. De hecho, esta idea había sido señalada tempranamente por diversos autores, entre ellos Louis Pasteur. Tomemos como ejemplo a la autora A. Mary, quien basada en consideraciones biológicas, escribía ya desde 1910:

 

                " El silicio (...) nos parece destinado en el futuro, a jugar un rol terapéutico muy extenso, no debemos dejar de utilizarlo, ya sea en pociones sea en inyecciones hipodérmicas (lo disponible en aquel entonces). Bajo esta última forma, puede activar notablemente la fagocitosis, contribuir a la mineralización del suero sanguíneo y de los órganos debilitados, y regenerar las células al excitar la ósmosis. Y añade que podría utilizarse ventajosamente en la calcificación de lesiones antiguas y en el tratamiento de supuraciones rebeldes. Su acción, sea preventiva, sea curativa - concluye la autora- se deduce naturalmente de sus propiedades físico- químicas, de su constancia y de su rol osmótico en la célula organizada" (citado por J. BOUDARD, 1919).

 

La experiencia posterior ha demostrado el carácter polivalente de la silicoterapia. Especialmente los trabajos de Duffaut sobre más de 50.000 pacientes han puesto en evidencia lo atinado de estas previsiones. En efecto, según veremos, el silicio orgánico se muestra altamente eficiente en un gran número de patologías. Y aunque hace falta investigación por establecer su modo de acción existen ya diversos avances al respecto.

 

En este sentido hablaba Rudolf Steiner, creador de la antroposofía, insistiendo en que el silicio constituye de alguna manera la bisagra entre la dimensión física y la dimensión etérica o energética de los órganos. Es más, según Steiner existe una analogía entre el cuerpo físico y el cuerpo energético, de suerte que en cada célula existe una estructura vibratoria microcristalina en conexión con el material genético (citado por Kieffer, 2000). Como todos sabemos el silicio en sus formas más puras como el cristal de cuarzo es un gran conductor de energía como lo demuestra su uso en los micro componentes electrónicos. Al parecer, en nuestro organismo este elemento mantiene esa función.

 

EL APORTE DE SILICIO

 

La mayoría de los nutriólogos considera que la dieta satisface la necesidad de este material, sin embargo autores como el Dr. Atkins, citan opiniones en contrario como la de Forrest H. Nielsen, director del Centro de Investigación de Nutrición humana en los Estados Unidos (Atkins, 1999). En efecto, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la dieta moderna genera una carencia generalizada de silicio. Veamos porqué:

 


Los alimentos ricos en silicio son:

 

La avena, el mijo, la cebada, el arroz (todos ellos integrales), las patatas, la remolacha, la alfalfa, la soja, vegetales verdes, etc..., siendo las fuentes más ricas de la alimentación humana los cereales integrales. En promedio la alimentación aporta unos 30 mg al día de silicio.

  • La dieta moderna basada en alimentos refinados, con un bajo consumo de vegetales, con suelos empobrecidos y animales de crianza industrial, genera una inexorable disminución del contenido de silicio en los tejidos humanos. (Carlisle, 1974).
  • El estudioso norteamericano W.A. Price ha demostrado que la alimentación de los pueblos primitivos contiene cuatro veces más minerales que la dieta industrializada moderna (citado por Heinz Scholz, 1987).
  • Y a esto debemos añadir, según lo refiere Calcagni (1984), que la mayor parte del silicio aportado por los vegetales lo es bajo la forma de cristales de opalina (inorgánico) y que, en una oveja por ejemplo, de los 40 mg aportados al día, por el forraje solo el 0,016% permanece en sus tejidos.
  • Otra fuente tradicional del silicio era el agua, pero el uso de sales de aluminio en los procesos de potabilización en las grandes ciudades elimina las ya de suyo pequeñas cantidades de silicio presentes al agua.
  • Por último, hay que recordar que, al contrario de lo que ocurre con otros minerales, conforme envejecemos desciende el contenido de silicio en nuestros tejidos (Kieffer 2000).
  • A esto se aúna al hecho de que los humanos no podemos transformar en silicio orgánico el silicio mineral que mayoritariamente aportan los vegetales

 

Todo lo anterior permite afirmar que la complementación con silicio es hoy en día una necesidad generalizada, como lo demuestra la eficacia de su aplicación terapéutica en muchas de las enfermedades típicas de la civilización moderna.

 

 

 

VARIACIONES DEL CONTENIDO DE SILICIO EN LOS TEJIDOS CORPORALES

 

 

Amén del problema actual representado por un aporte de silicio en nuestra alimentación, los niveles de este elemento en el organismo pueden variar por diversas causas:

 

Según el sexo:

 

                Gohk y School (citados por Desmonty 1988), observaron un 35 % menos de silicio en el tejido muscular de la mujer que en el del hombre (¿ una posible explicación del diferencial del potencial de fuerza muscular entre los sexos?) * Charnot y Perez (ibid) observaron lo inverso en las ratas: las hembras adultas tienen tasas más elevadas que los machos.

 

Según la edad:

 

                Monclaux (citado por Desmonty 1988) ha señalado un descenso general de los niveles de silicio en el cuerpo en el curso del envejecimiento. Así, por ejemplo, la tasa de silicio en los tejidos tegumentarios disminuye un 30 %, en la pared aórtica estudiada detenidamente por LOEPER (citada por Fourtillan 1971) se encuentra una tasa de silicio 4 veces más elevada en los niños que en las personas de edad. James Duke (1998) señala que con la edad y el descenso de los estrógenos disminuye la absorción del silicio lo cual a su vez determina la tendencia a la descalcificación potencialmente típica de la menopausia.

 

                Con la edad disminuye la absorción intestinal del silicio (Desmonty 1988). Charnot y Perez (citados por Desmonty 1988) constataron que en las ratas se produce una reducción del contenido de silicio en el tejido ungueal, intestinal y gingival en el curso del envejecimiento siendo peor en las hembras. La tasa de silicio de la aorta, el timo y la piel en los humanos, decae con la edad (Murray 1996).

 

En ciertas patologías

 

En la tuberculosis se produce una pérdida acelerada del silicio contenido en el organismo (lo cual condujo diversas experiencias terapéuticas con silicio en estos casos desde los albores del siglo XX.

 

En el cáncer, Remmets (citado por Desmonty 1988) ha constatado un descenso significativo de la tasa de silicio en el tejido conjuntivo (ver más adelante).

 

En la ateroesclerosis

 

En la aorta y las arterías afectadas por placas (ateroesclerosis) encontramos de 14 a 20 veces menos de silicio que en las arterías normales.

Este déficit afecta sobre todo las capas llamadas intima y media (Desmonty 1988).

Recordemos que el silicio le confiere su flexibilidad a las arterias.

 

En patologías óseas

 

En primer lugar debemos resaltar que al comienzo de los procesos de desmineralización es la tasa de silicio lo que decae brutalmente: hasta un 50 % mientras que la del calcio y el azufre sólo caen en un 5 a 8% (Desmonty 1988). En diversas patologías óseas se constata una pérdida progresiva del silicio por parte del hueso: osteomalacia, tuberculosis ósea, osteosarcoma, (no confundir con los padecimientos muy numerosos, en los cuales la carencia de aporte, mala absorción o deficiente metabolismo del silicio terminan afectando a los tejidos osteoarticulares).

 

 

LA ABSORCIÓN DEL SILICIO

 

Al parecer se absorbe básicamente por el duodeno. Sin embargo hay que hacer notar que en la forma orgánica el silicio es fácilmente absorbido a través de la piel, como lo demuestran los trabajos desarrollados durante años por Duffaut con moléculas de uso cutáneo. Con la edad disminuye la absorción intestinal del silicio.

 

FOURTILLAN, Jean Bernard; Estude Chimique et pharmacodynamique de quelques derivés organosilicies hidrosolubles, tesis para obtener el título de Dr. En Farmacia, presentada el 1º de octubre de 1971 en la universidad de Burdeos en Francia.

 

La eliminación del silicio:

 

Normalmente ocurre por vía renal y heces fecales, pero también perdemos silicio a través de otros tejidos; al cortar el cabello, las uñas, en las mucosidades, etc...

 

La regulación del metabolismo del silicio:

 

Charnot y Perez (citados por Desmonty, 1988) estudiaron la regulación endocrina del metabolismo del silicio, de su absorción intestinal y su fijación en determinados tejidos (uñas, dientes, encías) en ratas de ambos sexos.

 

Los experimentos consistieron en estudiar animales a los cuales se les habían extraído los ovarios, o las tiroides o las adrenales. Estos investigadores dejaron claro que el metabolismo del silicio está influido hormonalmente:

  • En los machos los esteroides de la suprarrenal juegan un papel importante
  • En las hembras los esteroides de las gónadas y las hormonas de las suprarrenales
  • En las hembras disminuye severamente (50 %) la tasa de silicio en el plasma al extraer los ovarios
  • En ambos sexos el envejecimiento (al parecer debido al deterioro glandular) disminuye la tasa de silicio. Lo cual a su vez agrava los procesos de envejecimiento y la degeneración glandular pues el silicio (según veremos) es importante para la salud glandular.

Se ha confirmado que la tasa de silicio en los tejidos disminuye en las mujeres con la esterilización o durante la menopausa (Charnot, A. 1971)

 

 

EL SILICIO ES UN MINERAL ESENCIAL

 

Sólo recientemente (1972) se ha reconocido al silicio como esencial (Murray, 1996). El silicio forma parte de los oligoelementos, es decir los elementos minerales que a pesar de presentarse en pequeñas cantidades en el cuerpo son, sin embargo, indispensables para la salud y la vida. Hasta ahora se han identificado 13 oligoelementos esenciales (Scholz, 1987): silicio, vanadio, molibdeno, magnesio, hierro, cobalto, níquel, cobre, zinc, selenio, estaño, yodo y flúor.

 

Un oligoelemento (o un mineral) es considerado esencial si:

  • su carencia produce una alteración funcional en el organismo
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